miércoles, 26 de junio de 2019

La chica podía suponer que la llamarían loca si por un instante llegaba a considerar que ese tipo que se hacía llamar Hades fuera, de hecho, Hades. Porque no podía ser ¿No? No, imposible. Pero si pensaba en lo que sus ojos habían visto en el Grifo... Aquellas siluetas negras, el llamado "barquero" que se suponía venía a buscarlo, el que lo llamaran "señor" entre susurros y él se comportase como si nada... No, definitivamente no. Era imposible, un completo sinsentido. Acabó soltando hasta una risilla al estar perdida en tan absurdos pensamientos, que no escapó a la percepción del hombre, por supuesto.
-¿Qué es tan gracioso?-
-No, nada- negó Diana con la cabeza -Pensamientos-
-Unos divertidos sin duda- dijo Hades desganado, siguiendo el camino de forma diligente.
-Algo- concluyó Diana -¿Sabes algo de este lugar... Hades?- le costó pronunciar el nombre sin reirse nuevamente.
-Sé de muchas cosas- respondió orgulloso y aún sin mirarla -¿Qué quieres saber?-
-No lo sé. Estoy aquí perdida con un heredero del nombre del Dios de los Muertos- se encogió de hombros -Qué menos que tener detalles de dónde me encuentro para saber regresar-
-¿Heredero?- esta vez Hades sí la miró -¿Cómo que heredero?-
-Es evidente que tus padres o quien te criara han tenido cierto mal gusto al ponerte el nombre de Hades- se sinceró Diana con una sonrisilla.
-Así que eso era lo que te hacía gracia. Interesante- volvió a apartarle la mirada a la joven
-¿Interesante? ¿El qué?- la palabra empezaba a ponerla nerviosa. Últimamente, todos la calificaban de "interesante" y no sabía por qué.
-El hecho de que creas que mi nombre es heredado- dijo misterioso y serio, dejando a Diana en silencio una vez más, sumida en pensamientos.

Al cabo de una larga caminata terminaron por llegar a Mitilene, la ciudad capital de Lesbos. Era un lugar agradable, cálido y resplandeciente. Sus casas blancas decoradas con las siempre llamativas franjas azules dotaban al lugar de una sensación hogareña. Realmente, eso se daba en casi cualqueir urbe griega, al menos para los griegos. Hades, siendo quien era y acostumbrado a la nocturnidad permanente del Inframundo, miraba con cierta consternación el lugar tan brillante. Que la blanca pintura de las viviendas reflejara el tormentoso sol tironeado por Helios en el cielo, le hacía sentir una desagradable sensación en los ojos.
-Este lugar...- masculló Diana mientas veía a dos jóvenes muchachas corretear por la calle en una especie de juego del pilla-pilla, en el que si se daban caza, se daban un apasionado beso y vuelta a empezar -Es un tanto agradable- sonrió. Había una extaña sensación de libertad que no experimentó en Serifos, pues al ser una isla bastante más grande y una pequeña ciudad en lugar de un pueblucho remoto de apenas un puñado de habitantes, sentía que las miradas no se centraban en ella, sino todo lo contrario: la obviaban. La dejaban ser quien quiera que fuera. Una sensación tan común en Grecia pero tan extraña en su hogar...
-Tenemos que encontrar al pirata- concluyó Hades echando a caminar de nuevo.
-Espera ¿Qué pirata?- Diana le siguió interesada y sorprendida.
-Ese tan malhumorado que daba voces en el barco- explicó impaciente.
-¿Argos?- Diana le interrumpió el paso -¿¡Argos está vivo!? ¿Por qué no me lo ha dicho antes? ¡Dijiste que murieron todos!- no sabía cómo sentirse al respecto. Diana no le deseaba verdadero mal a nadie y se podría decir que al menos una vida se había salvado del desastre y eso era buena señal, pero era Argos de quien se trataba...
-Prácticamente está muerto-
-¿Qué quieres decir con eso?- Hades bufó ante su nueva pregunta.
-Ven si te interesa y lo descubrirás... No más preguntas- ordenó, echando a caminar de nuevo.

Con unos minutos de caminata, acabaron llegando a puerto. Allí había un buen par de barcos que harían las delicias del capitán pirata, por lo que a Diana no le extrañó la idea de encontrarlo allí. Realmente se estaba cuestionando la necesidad de seguir al tal Hades a encontrarse con su captor. Supuso que quizá era el deseo interno, arraigado y furioso, de verlo consternado y derrotado. El cosmos había actuado tal y como debía, haciendo justicia divina, aunque con un poco de mano desmedida, todo sea dicho.

En el puerto había una suerte de almacén, o lo que antiguamente fue uno. Estaba completamente construido de madera y tenía unas enormes puertas por la que se sacaba y metía las mercancías hacia los barcos. En esos días, se utilizaba como una especie de punto de encuentro para marineros, donde algunas jóvenes mujeres y hombres daban bebidas y comida a los marineros que iban y venían en largas travesías. En algunos lados había cajas cargadas de olivas y ánforas con aceite, que se podía presuponer, eran para comerciar. El ambiente, por otra parte, estaba un tanto cargado; olía a sudor de forma penetrante, mezclado con vino y queso. Diana y Hades no podían adivinar dónde acababa el hedor del queso y comenzaba la peste de los magullados y sudorosos pies en sandalias.
-¿Argos está aquí?- Diana miró a todas partes, tratando de descubrirle entre un montón de marineros de diversas edades y tamaños -¿Cómo lo sabes?- sospechó.
-Digamos que despertó mucho antes que tú y se fue por su cuenta- suspiró Hades.
-Antes que yo...- reflexionó Diana -¿Cuánto tiempo he estado tirada allí en mitad de la playa entonces?-
-Allí está- ignoró Hades, mirando hacia la dirección de Argos. Estaba sentado en mitad del suelo con un vaso de vino al que daba vueltas tratando de ver si goteaba un poco más de forma milagrosa.
-¡Ni un dracma para otro puñetero vaso!- lloriqueaba con deje de lamento
-Sin duda es él...- Diana suspiró. Hades no dijo nada, simplemente se acercó.

Cansado de tratar de obrar milagros, Argos arrojó el vaso contra una de las paredes. Había tantos marineros cansados y borrachos en el lugar que ni siquiera se oyó el golpe de tanto bullicio. De igual forma, Argos no escuchó a Hades y a Diana acercarse por su espalda, aunque esta última estaba bastante más alejada.
-Capitán- llamó Hades.
-Ya no soy capitán...- gruñó el hombre, consternado.
-¿Por qué? ¿Por no tener un barco?- cuestionó el dios.
-En efecto... Oye ¿Cómo sabes tú que...?- al girarse, vio el rostro del conocido y, por supuesto, su enorme cicatriz expuesta. Tras él, alejada, le contemplaba una Diana con rostro furibundo por tenerle de nuevo delante de sus narices -¡Vosotros!- Argos se puso en pie con la furia de los Titanes.
-Nosotros- asintió Hades con suma calma.
-¡Por vuestra culpa! ¡Malditos malakes!- sin mediar más palabra se lanzó contra Hades en un arrebato furioso. Diana sintió el impulso de detenerle, ya que ahora poco poder podría ejercer sobre ella. Sin embargo Hades se bastó solo para reducir al hombre arrojándolo al suelo con sólo palmearle el pecho sin apenas esfuerzo -¡Maldito...!-
-No queremos disputas aquí- se acercó de mal humor una muchacha cargada con vino y queso -Si tenéis que pelearos, idos fuera- advirtió.
-Descuida- adelantó Diana -Yo me marcho- dijo saliendo del lugar por su propio pie.
-Todos nos vamos- agregó Hades -Tarde o temprano tú también te irás- apuntó a la joven, dejándola extrañada.

Diana estaba fuera, observando el lugar y decidiendo qué pasos podría tomar para volver a casa... o ir a cualquier otro lugar, si le apetecía. Hades, sin embargo, la siguió arrastrando a Argos de un pie como si fuese un saco vacío.
-¡Suéltame! ¡Pero será posible! ¡Por los dioses!- clamaba tratando de zafarse. Por más que pataleaba y trataba de agarrarse al suelo, Hades tenía una fuerza descomunal para moverle con facilidad. Acabó soltándole a los pies de Diana, haciendo que esta lo mirara con mala cara -Malditos desgraciados. Vuestra culpa... es todo vuestra culpa...-
-¿Mi culpa?- gruñó la chica -¿¡Cómo puede ser mi culpa que una ola gigante se lleve por delante tu dichoso barco!?-
-Tú subiste a este monstruo a mi barco- acusó -¡Y este monstruo, precisamente, es el causante!- señaló -¿¡Cómo si no iba a poder hablar con aquellas... cosas... lo que fuesen!?- entonces Diana miró a Hades y volvió a recordar. Era cierto. Había estado hablando con ellos como si nada, sin inmutarse, mientras todos los demás se morían de miedo.
-Mormos- añadió Hades -Así se llaman. Y sí, puedo hablar con ellos ¿Cómo no?-
-¿Pero quién... o qué eres tú?- entornó la mirada Diana.
-Ya te lo he dicho, mujer. Soy Hades- se hizo un breve silencio entre los tres.
-Qué mal gusto tienen tus padres...- balbució Argos.
-Eso pensé- terció Diana, de acuerdo con Argos en algo por fin.
-Creo que, de toda la Hélade, he dado con los dos humanos más idiotas que decoran estas tierras llenas de luz y colores...- suspiró.
-¿Humanos? ¿Pero qué te crees tú? ¿Un dios?- escupió Argos al suelo.
-Precisamente- su sentencia fue firme -Y requiero vuestra ayuda-
-Tú eres tonto, es lo que eres- el pirata empezó a caminar -Tú, Diana, ven conmigo-
-Creo que el tonto eres tú si crees que voy a acompañarte. Se acabó, Argos. Ahora soy libre y no tienes nada ni nadie que te respalde- ambos obviaron a Hades.
-¿Me estáis... escuchando?- la voz de Hades se crispó de forma casi impeceptible.
-Escúchame, niña...- Argos respiró hondo -No me hace falta una tripulación para doblegarte. Haz el favor de comportarte y no me obligues a arrastrarte de los pelos. No olvides que me debes tu vida, porque de no ser por mí estarías ahora mismo en el Hades- la miraba con malicia.
-De eso precisamente os hablo...- inquirió Hades, pero volvió a ser ignorado.
-No soy tu esclava, ni lo seré. Si intentas ponerme una mano encima, Argos, será diferente a la última vez- advirtió la chica.
-¿Estás segura de eso?- dijo el pirata acercándose a ella.
-Prueba- le desafió la mujer.
-¡CALLAOS!- tronó Hades con la paciencia quebrada definitivamente. De pronto, en la zona que les circundaba, la temperatura bajó de forma considerable. Diana se percató que al respirar brotó algo de vaho de su nariz y los pelos se le pusieron de punta -...y escuchad- pidió
-Eh, tú- interrumpió una voz a sus espaldas.
-¿Y ahora qué...?- gruñó Hades dándose la vuelta, al igual que Argos y Diana.
-Tú, el de la barba poblada ¿No decías que necesitabas un barco? Tengo un trabajito para ti...- parecía que ni para los dioses era sencillo conseguir sus objetivos en la tierra de los humanos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario